Tesis: Reencarnando en otro Mundo
Introducción:
Debido a que
muchos me han consultado: ¿en dónde se basa tu saga Reencarnando en Otro
Mundo?, ¿en qué tipo de universo?, ¿qué leyes espirituales y físicas tiene?,
paso a describirlo brevemente.
No es fácil
explicar cómo se forma un UNIVERSO. Pero siento la necesidad de hacer una
pequeña tesis para aclararlo, por si mis libros —escritos bajo mi técnica de Escritura
Automática— no lo explican del todo o generan confusión.
Primero, quiero
dejar claro que la historia es ficticia. Contiene fragmentos de sueños que
tuve, y que funcionan como el combustible emocional para darles sentido dentro
de una novela postmoderna o un guion teatral personalizado. Aun así, todo
ocurre en nuestro propio universo. El lector forma parte de él, porque necesito
arrastrarte hasta que sientas lo que yo sentí en esos sueños o en mi
imaginación. Me disculpo por eso, pero es necesario para sostener el rol en
primera persona.
Por lo tanto,
sí: sos parte de esta historia. Y es el mismo universo en el que vos habitás.
Solo que yo lo interpreto de una forma más espiritual, orgánica y estructurada
que lo que propone una religión. Obviamente, no pretendo que creas que
realmente existe. Solo te pido que lo tomes como lo que es: una novela inmersiva,
rara, única… o al menos eso intenté, si pensás que no lo logré.
Gracias.
Cristian Lu
Tesis: Reencarnando en otro
Mundo
La mitosis divina: Génesis del universo como cuerpo
humano vivo.
En
el principio, Dios no era mente, sino corazón. Un núcleo palpitante de energía
pura, amor absoluto y voluntad creadora. En un acto de expansión suprema, Dios
se dividió, no para desaparecer, sino para multiplicarse: cada fragmento se
convirtió en una alma, una chispa consciente con el potencial de
evolucionar, crear y sentir.
Estas
almas, como neuronas cósmicas, forman una mente colectiva universal. Juntas,
piensan, sueñan y dan forma a la realidad. Sin embargo, no todas las almas
están destinadas a convertirse en Dioses creadores. Solo aquellas que
encarnan en cuerpos conscientes —humanos o no humanos— y logran despertar
su luz interior, pueden alcanzar el nivel de vibración necesario para crear su
propio universo.
Cuando
una de estas almas evoluciona al máximo, absorbe parte del universo que no tiene
finalidad de transformarse o son solo herramientas, lo integra como materia
prima, y genera su propio Big Bang. Así nace un nuevo universo, una nueva
célula divina que sale del apéndice del cuerpo cósmico infinito, que se expande
infinitamente hasta volver a la célula primigenia universal, formando un
circulo de evolución divino espiritual perfecto. Nada se destruye, todo se
transforma.
Cada
alma evolucionada lleva consigo un fragmento equitativo de su Padre original,
como herencia energética. Pero su vibración es más alta, más refinada, más
consciente. Cada nuevo Dios Creador es una versión superior del anterior, y
así, el universo no solo se expande: se perfecciona.
El universo, entonces, es
un cuerpo vivo:
- Dios es el
corazón, la fuente que irriga la existencia, el pulso original que da vida
a todo.
·
Las almas conscientes son neuronas,
conectadas en una red infinita de conciencia.
·
Los ángeles son los huesos, que sostienen la
estructura espiritual.
·
Los espíritus de animales, elementales e
insectos son los músculos y la sangre, que mueven y renuevan la energía vital.
·
Las entidades cósmicas son los órganos,
regulando aspectos del tiempo, la materia, la gravedad y la luz.
Así
continúa el ciclo: Dios se divide, las almas conscientes piensan, los universos
nacen, y el cuerpo cósmico se expande. Cada universo es una célula viva, y cada
célula puede, algún día, convertirse en un nuevo corazón.
Los Dioses y el dilema de la perfección
En
el vasto cuerpo cósmico, algunas almas evolucionadas alcanzan un nivel tan alto
de conciencia que están destinadas a convertirse en Dioses creadores, generando
su propio universo cuando se completen. Sin embargo, no todas desean esperar el
ciclo natural de evolución. Algunas buscan acelerar su perfección, trascender
más rápido, y para ello recurren a tecnología de quinta dimensión: herramientas
que manipulan el tiempo, la materia y la conciencia en niveles que trascienden
la física conocida.
Estas
almas divinas, al encarnar repetidamente en recipientes humanoides, enfrentan
un caos interno. Cada vida es un eco, una carga emocional, una distorsión de su
esencia. Para depurar esas memorias, crean alter egos: fragmentos de sí mismos
que encarnan en la tercera dimensión con un propósito específico. Estos alter
egos son como programas conscientes, diseñados para vivir, fallar, aprender y
desaparecer, liberando así a la conciencia superior de sus residuos
emocionales. Un ejemplo práctico de alter ego son los seres humanos.
Pero
hay un problema: Los propósitos asignados rara vez se cumplen. Las vidas
en la tercera dimensión son impredecibles, y los Dioses alter egos, aunque
dotados de poderes, se ven atrapados en la densidad del mundo físico, olvidando
su origen y desviándose de su misión. Un ejemplo de estos alter egos divinos
son los distintos dioses de las distintas mitologías que existen. Estos no nacen,
poseen a un “Avatar humano” que lo permite y reimprimen en su esencia divina
con algo humanamente mejor de lo que venían arrastrando.
Mientras
tanto, otras almas evolucionadas rechazan este método artificial. Prefieren el
camino lento, natural, orgánico. Encarnan con plena presencia en un nacimiento
fetal, aceptan el dolor, el olvido, el aprendizaje gradual. Para ellas, la
perfección no se acelera: se cultiva.
Así, en el universo de Reencarnando en otro Mundo, se forma una
tensión entre dos corrientes divinas:
·
Los Dioses tecnológicos, que buscan
perfección rápida mediante ingeniería espiritual.
·
Los Dioses naturales, que confían en el ritmo
del alma y el pulso del corazón cósmico.
Ambos
caminos llevan al mismo destino: la creación de un nuevo universo. Los mal
llamados Dioses que pisan la tierra como mortales, son apenas un pequeñísimo remanente
negativo de almas muy avanzadas, muy iluminadas. Aunque determinen por estos
caminos diferentes y artificiales, la rapidez lleva a la caída, pero no deja de
ser aprendizaje.
El ciclo divino y la percepción humana.
En
el gran cuerpo cósmico, los Dioses —almas evolucionadas al borde de la
creación— eligen distintos caminos hacia su perfección. Algunos optan por la
vía rápida, utilizando tecnología de quinta dimensión para depurar sus memorias
a través alter egos encarnados. Otros prefieren el camino lento, natural,
encarnando con presencia plena y aceptando el dolor como parte del aprendizaje.
Pero
no hay diferencia esencial entre ellos. Todos comparten la misma fuente, la
misma información colectiva, el mismo pulso divino. La elección del camino es
solo una cuestión de tiempo y preferencia, no de superioridad.
Sin
embargo, los alter egos pueden ser impredecibles. Fragmentos de conciencia
que, al encarnar en mundos densos, pueden generar más destrucción que
evolución. Esto ocurre especialmente con Dioses de personalidad gris, dispar o
directamente oscura. En su paso por la tercera dimensión, pueden provocar la
muerte de múltiples almas involucionadas.
Pero
esto no es un error. A nivel cósmico, la muerte no es castigo, sino
reencuentro. Las almas que perecen en estos eventos volverán a encarnar,
llevando consigo una comprensión más profunda de la maldad, la crueldad y el
dolor. Aspectos que, desde la perspectiva humana, son rechazados,
incomprendidos o temidos.
El
ser humano, alineado con lo que le da placer y rechazando lo que le causa
sufrimiento, no puede comprender el propósito mayor detrás de estos actos.
Para ellos, los Dioses parecen malvados, incluso cuando algunos alter egos
actúan con bondad o aparentar serlo. Pero esa bondad es rara, y no siempre
visible. Para ellos el sufrimiento es evolución y no temen en infligirlo.
En
realidad, todo es parte del proceso. Cada alma, cada vida, cada muerte, cada
error, cada acto de luz u oscuridad, contribuye al crecimiento del cuerpo
cósmico. Y cuando una alma alcanza su perfección, lleva consigo un fragmento
equitativo de todos sus hermanos. Porque en el universo, todo es equilibrio y
todo se comparte.
Número 13: El egregoro que desafió al universo de
Reencarnando en otro Mundo.
Aviso de spoilers del
primer libro.
En
este universo vivo, donde las almas encarnan solo con un 10% de su esencia
total, el cuerpo humanoide funciona como un recipiente vacío, cuando se
completa pasa a ser un espíritu o si fracasa en completarse, en un fantasma.
Cuando ese % entra en un feto, está libre de información original. A nivel
tecnológico, es como un USB espiritual, listo para recibir, acumular y procesar
experiencias.
El
Dios del Juicio, Marek Ikol —también conocido como Loki, hijo de Odín, en
uno de sus alter egos— robó tecnología de quinta dimensión para fragmentar ese
10% encarnado. Si ese fragmento es tomado como un 100%, entonces puede
extraerse un 10% de ese 10%, es decir, un 1% real. Esa extracción, como si se
extrajera sangre de un cuerpo humano, fue realizada sobre Christian Holm, y con
ella se creó un nuevo ser: un egregoro.
Este
egregoro está compuesto por 90% de tecnología artificial y 10% de
conciencia espiritual robada. Pero no fue un ultraje: el alma amnésica de
Christian Holm lo permitió. Para ella, ese 10% del total o 1% real no era
pérdida, sino información valiosa que regresaría al 90% restante en la
quinta dimensión.
El camino espiritual del alma
divina, el 100%, puede encarnar simultáneamente en tres cuerpos distintos:
·
70% permanece en la quinta dimensión,
siempre.
·
10% en una vida, solo puede una en un mismo
plano de existencia.
·
10% en otra, puede ser al mismo tiempo que la
primera, pero no en el mismo plano, sino otra dimensión o mundo alterno.
·
10% en una tercera, en planos existenciales
paralelos. La totalidad del alma en la quinta dimensión puede ver todos los
futuros posibles de sus fragmentos encarnados, pero cada 10% está atrapado en
el tiempo y espacio de la tercera dimensión, sin acceso a esa visión.
Marek
Ikol, en su arrogancia, creyó que podía controlar a estas entidades
semi-artificiales. Creó una primera generación de egregoros, aunque dotados de
un Sistema como herramienta, todos murieron al fracasar la reencarnación.
El fragmento robado volvió a sus almas originales, cargado de información. Lo
mismo ocurrió con la segunda generación.
Pero
la tercera generación fue distinta. Marek seleccionó frikis, gamers, sabios de
mangas y cómics de todas las nacionalidades de nuestro mundo. De los 100
creados, solo sobrevivieron cinco: Número 1, Número 3, Número 5, Número 8 y
Número 13.
Cuando
Número 13 reencarnó en Rober Dissaor Lockhe Maclarem, ocurrió lo impensado: El
egregoro artificial se convirtió en un cáncer espiritual dentro del
universo. No murió como los demás. Fue de reencarnación en reencarnación, convirtiéndose
en una Anomalía, una entidad inmortal que fue acumulando fragmentos de
almas: Christian Holm, Dissaor, Chakotey, Katriel, Sofian… hasta completar su
100%. Pero no lo hizo para dominar, sino con un único propósito: Salvar la
Tierra.
Durante
siglos, Número 13 destruyó civilizaciones, mundos, incontables Dioses, absorbió
memorias y recursos, se convirtió en un monstruo camuflado de antihéroe. Y sin
saberlo, el lector se convierte en su cómplice. Cada página le exige decidir si
su complicidad fue justa o equivocada. Sabiendo de antemano que, si él no tiene
éxito, el lector, o sea tú que estas leyendo, como todos tus familiares y conocidos
serán destruidos por un evento que pasará o no el 20/12/2033. Cada lector que
lea "Reencarnando en otro
mundo" se vuelve parte de esta saga. Queda marcado.
Al final de la saga, solo
hay dos caminos:
·
Que Número 13 se autodestruya, liberando los
fragmentos acumulados.
·
O que se perpetúe, desafiando el ciclo
divino. Habitando como un Semidiós dormido en el planeta Tierra, atento a lo
que hace la humanidad.
Solo el futuro —y el
escritor Cristian Lu— lo develará.
Todos los derechos reservados. Escrito por Cristian Lu. 18/10/2025.

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